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Terra
La Coctelera

El regreso

Regresé. Y no estabas. Ni tan siquiera te esperaba. Ahora soy otra. Soy nueva. Más fuerte a pesar de la luna nueva.

Una criatura creciente en mi vientre. Mi felicidad. Mi esperanza. Otros sentimientos llenan mis noches de luna llena.

Ausente

Te fuiste. Mucho tiempo esperándote. Y no vuelves. Te echo de menos y sé que tú a mí también.

Me hiciste daño y a ello recurro para olvidarte. Pero no puedo. Los buenos momentos atacan a mi mente bloqueando mi razón y ya no recuerdo por qué te fuiste. Muchos amantes he tenido desde entonces, pero a ninguno he amado como a ti y ninguno me amó como tú lo hiciste.

No alcanzo a comprender qué te retiene, qué te hace estar lejos de mí. Me confiesas que aún me amas, que nunca has amado a nadie como a mí y que eres infeliz. Pero no vuelves.

Tu ausencia es mi desesperación. Bloqueado mi sentido del tiempo paso las horas esperando que vuelvas, que termine este paréntesis y todo vuelva a ser como antes.

Mientras tanto de todo me contengo y no vivo por esperar vivirlo contigo. Sé que hago mal porque quizá nunca vuelvas. Los dos tenemos que romper corazones amados para volver a estar juntos. Entre tanto te doy mis sueños y mis noches de luna llena.

Plenitud

Luna llena, aquí estás, y yo pletórica de energía. Necesito más. Y me lo das. Fin de semana pasional, de absoluto desenfreno, Rocío y yo salimos descaradamente a ligar.

Conocimos a un par de chicos, atractivos en su justa medida, ni poco como para no gustar, ni mucho como para enganchar. Solo sexo sin complicaciones para una noche de pasión.

Entre risas y copas pasamos el rato hasta que decidimos irnos a mi casa, un pequeño apartamento de una habitación. Una copa más y para mí la cama, para Rocío el salón.

Mi amante empezó mejor de lo que me esperaba, o fue la euforia del alcohol, pero ocurrió algo que me sorprendió, aunque nada tenía que ver con él. La próximidad de mi amiga y la delgadez de mi puerta no dejaba mucha intimidad. Y la oí gemir.

Durante un momento en el que mi amante recorría mis muslos con su lengua cerré los ojos y me deleité con los gemidos de Rocío. Nunca la había oido así. Yo, voyeur de oidas, excitada de escuchar a mi amiga disfrutar.

Prestaba más atención a lo que ocurría en mi sofá que a lo que pasaba en mi cama y supe cuando la penetró. Y quise seguir el mismo ritmo con el mío. Me senté a horcajadas sobre él y me penetré. Y la oí gritar. Y quise gritar yo más y que ella también me oyese. Y seguro que me oyó, porque ella aún gritó más. La imaginaba excitándose de oirme como yo de oirla a ella.

Nos sincronizamos estupendamente, señales enviadas en forma de gemido placentero para acelerar, para frenar, para intensificar, para relajar. Ahora más profundo, ahora más rápido. Y más rápido, más intenso. Notaba que se acercaba al orgasmo. Y yo también, no quise quedarme atrás.

De pronto gritamos las dos, gemido orgásmico inconfundible y maravilloso que nos invadió a la vez y nos colmó de placer. Y sentí una plenitud difícil de explicar. Abandonando a mi compañero y plena como la luna llena.

Rocío

Mi amiga del alma, compañera en mil y una batallas. Nos conocimos hace tiempo, adolescentes escolares, inocentes e ingenuas. Juntas hemos descubierto muchas cosas, los primeros amores, los primeros besos, el sexo y la pasión y las primeras decepciones, corazones rotos juveniles.
Hemos reido y hemos llorado. Hemos disfrutado del sol y de la luna, del mar y de la playa. Hemos discutido por algún chico que al final resultó no merecerlo. Nuestra amistad ha sobrevivido a novios formales e intentos fallidos de sentar la cabeza.
Después de quince años siendo amigas, grandes amigas, confidentes. ¿Quién me iba a decir que a estas alturas sentiría algo más que amistad por ella? Confundida por la luna, me desespero.

Rutina

La vida es un ciclo de interminable rutina. O un ciclo dentro de otro ciclo y otro ciclo más. Incontables ciclos.
Ciclos dentro de un mismo día gobernados por las necesidades biológicas de la alimentación, ciclos diarios de monotonía y sueño, ciclos semanales de quehaceres y tiempo libre injustamente repartidos y si te domina la luna, ciclos de estado de ánimo unidos a ella.
Ciclos estacionales dentro de un año, y un año tras otro año, peligrosamente similares.
Estoy pesimista, aún no me he recuperado de la luna nueva y falta mucho para la luna llena.

Nuevamente

La luna nueva está al caer y me arrastra con ella.
Sé que no debería confiar tanto en la gente, no debería enamorarme con tanta facilidad, pero no lo puedo evitar.
Me gusta embobarme mirando a la luna descalza en mi balcón y eso en invierno no es lo mejor. Hago lo mismo con la gente que me gusta, la escudriño de arriba a abajo con descaro, chicos o chicas, hombres o mujeres.
Y aunque nunca sigo una cadena, ya que ha habido insistencia, con este último suman cinco manías o debilidades que alguien podría considerar malos hábitos. Luna nueva, espero a que me renueves.

Menguante

Cuarto menguante. La luna me obligó a abandonar mi cueva, imperativa, ordenante.

La caza es excitante. Tanto o más que la culminación. El éxito es mayor cuando consigues crear la ilusión de ser tú la presa. Y cacé siendo cazada.

No buscaba amor, no buscaba pasión. Movida el impulso sexual que me vi obligada a satisfacer. Sin más, sin apenas preámbulos, un desconocido satisfizo mi deseo. Alivio físico junto con la sensación de una primera vez.

El ciclo se acaba e inicio el camino ya conocido en el que me desespero y en parte muero, mientras se aleja la luna llena.

Aprovechar cada instante

Me abandona día a día pero aún me queda energía. Es el devenir del ciclo sin fin. Últimos instantes de plenitud y comienzo de la caída. Y sé que llegará mientras me empujas a aprovechar cada momento.
El deseo no me abandona, dame fuerzas para que cumpla tu propósito. Hambrienta cual loba insaciable de mí te alimentas. Esta noche Rocío nos acompaña, mi luna.