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Terra
La Coctelera

Categoría: sobre Álex

Se fue, pero volverá

Despedida temporal. Nos amamos como quien piensa que no volverá a amar. Como si fuese el final, hasta no poder más.
Final de mermelada y mantequilla, traida a la cama para desayunar y que, sin saber muy bien cómo, acabó por todo mi cuerpo. Fresa fresca en mi pecho que su cálida lengua tomó.
Zumo de mi ser en lugar de naranja, es a mí a quien exprimió. Primero suavemente, solo con la punta de su lengua, abriéndome de par en par. Notaba su aliento en mi interior.
Labios contra labios. Lengua juguetona. Humedad provocando humedad. Mordisquitos malintencionados que me hacen gritar. Devorándome con auténtica pasión. Me ha desayunado a mí, tanto que pensé que me iba a masticar. Y me fui.
Y se fue. Álex se fue, pero volverá, la luna lo traerá.

Luna llena

Ummm. No sé qué es lo que me haces, pero no pares. Besas mi nuca mientras me abrazas por la espalda, tomas mi pecho con tus fuertes manos y lo acaricias suavemente y sabes que así me derrito. Me derrites cuando recorres mi espalda con tu lengua cálida. Me giras y me besas en la boca apasionadamente. Tus manos hacia mis nalgas y me aprietan contra ti.

Ahora yo te quiero comer. Te empujo hacia la cama y me tumbo encima de ti, mi cuerpo desnudo contra el tuyo desnudo. Admiro tu magnífico torso atlético y te beso en el pecho. Mis manos no paran de recorrerte, una hacia tu boca, la otra hacia tu pene y siempre me sorprende la dureza de tu virilidad. Chupeteas mis dedos mientras bajo hacia tu ombligo. Agarro ese falo con firmeza como firme se me presenta, desafiante y cuanto más fuerte aprieto, con más dureza me responde, apunto de estallar, lo noto palpitar.
Intento aliviar esa tensión con el calor de mi lengua que recorre suavemente la suave piel de tu final mientras mi mano no deja de apretar. Oigo tu gemir y empujas mi cabeza hacia ti con brusquedad. No seré yo quien te haga sufrir. Te devoro con devoción. Entero te quiero tragar, puede más mi pasión que mi límite natural y los ojos me empiezan a llorar.

Ahora eres tú quien me aparta, para evitar irte ya. Me quedo como niña sin juguete hasta que me elevas y en mí te metes. Tu polla dentro de mí, de golpe, toda. La noto empujando mi útero y me vuelvo loca, me muevo compulsivamente ante tus rítmicas acometidas. Ardo, cópula que es fuego y me deshago de placer, grito hasta casi desfallecer.
Pero tú quieres más. Tus fuertes brazos me giran. Me gusta cómo me manejas. Me dejas boca abajo y esta vez me penetras desde atrás, como un animal, yo tu leona en celo, tú mi león. Llevo mi mano a mi clítoris y desde ahí te noto entrar, y salir, y volver a entrar. Hasta que ya no aguantas más.
Y explotas y yo contigo, orgasmo infinito en el que pierdo la consciencia, y nos fundimos en uno, tú y yo con la luna llena.

Primera noche con Álex

Álex llegó a mi casa sobre las ocho de la tarde y yo ya estaba a cien. Cargadísima de energía, como suelo estar estos días.

Entró por la puerta, me miró y se lanzó sobre mí. Me besó, un beso fuerte y apasionado que casi me quita el aliento. Eterno momento interrumpido por un brusco giro hacia la pared. Mi espalda contra el muro mientras su lengua recorría mi cuello. Su pubis presionando contra mi vientre y le noté creciente.

Lentamente su lengua inició el recorrido hacia el lóbulo de mi oreja izquierda que sus labios pellizcaron con devoción. Su lengua en mi pabellón. Y le agarre el culo con mis dos manos, en parte para no caerme por la flojera de piernas que me invadía en parte para apretarle más y más contra mí. Le quería dentro ya, pero él quería hacerme sufrir.

Maravilloso sufrimiento la de quien espera ser completada mientras unos labios carnosos y experimentados besan sus pechos que a la vez estrujaba con las manos.

No quedaba botón prendido en mi blusa y su cabeza bajó hacia mi ombligo y en él se recreó. Notaba el tacto de sus manos subir por mis rodillas debajo de mi falda, por mis muslos hasta mis ingles.
Notó en seguida lo húmeda que estaba, mi clítoris palpitando, mi vulva chorreando, y me ofreció su alivio. Dedo corazón que mis labios vaginales hasta mi clítoris recorrió. Doblé las rodillas y dejé caer mi pecho sobre él en el momento en que sus dedos entraron en mí. Imposible aguantar más, le pedí que me penetrara ya.

Obediente, se levantó y elevó mis piernas mientras se desabrochaba el pantalón y entró en mí brutalmente. Dejé escapar un grito de placer. Noté cada centímetro de él en mi interior, me sentía como flotando, estaba flotando, loca de pasión.
Colgada de sus hombros me sujetaba por las nalgas tratando de llegarme más y más dentro. Orgasmo repentino me sobrevino y mis gemidos fueron lo justo para desatar el suyo. Entre suspiros y exhalaciones nos caimos al suelo.

Repetimos alguna vez más. Detalles que no voy a contar. No se puede pedir más, y todavía ¡¡quedan tres!! Tres noches más con él incluyendo una noche de luna llena.

Álex

Conocí a Álex una noche de primavera. Con los primeros calores y las primeras copas al aire libre.
Había salido con mi amiga Rocio, aquella que todo lo puede, belleza indómita que siempre me apaga, a cuya sombra siempre me refugio para cazar, cual carroñera sin escrúpulos.

Poco antes se me había roto el último amor y las relaciones formales no entraban en mis planes. Entonces llegó él, extraordinariamente atractivo, cuerpo de modelo cultivado con acero, carita de niño.

Lanzó sus garras sobre Rocio, siempre pasa, y al poco rato ella le susurró al oido:
"A mi amiga le hace falta un buen polvo".

Gesto de buena amiga que nunca agradeceré suficiente. Hicieron falta solo dos miradas. No nos dio tiempo a llegar a ningún sitio antes de tenernos, ahí mismo, en un coche, en un aparcamiento con una pasión que creí olvidada.

No sé si es buen o mal chico, si es inteligente o necio, solo sé que es un gran amante con más miedo al compromiso que yo misma... y que tiene mi número en su agenda tras el nombre "luna llena".

Creciente

Luna creciente, como mi deseo alimentando mi mente. Te espero, paciente, como a la lluvia, te siento, a pesar de que las nubes me impidan verte.
Ardiente mi sexo, echándote de menos. Ayer me llamaste, querido Álex, mi amante y mi cielo, mi amigo de juegos. Temporal enajenación, estado pasajero de locura, me propones una aventura cargada de pasión.
Y acepto. Me encanta tenerte, sentirte, adorarte y que me tengas, me sientas y me adores. Cuatro días con sus cuatro noches. Ardiente, como tu deseo. Paciente te espero. Creciente, tu sexo. Tú y yo juntos hasta la luna llena.