Se fue. Pero quedaron las rosas. Rosas rojas como la pasión, de belleza infinita y efímera. Pidiendo a gritos un final mejor.
Aprieto una contra mi pecho desnudo, suavemente. La deslizo hacia mi vientre, sin apenas rozarme. Llevándola hacia mi clítoris, caricia suave, apasionado encuentro, la rosa y mi flor. Nos desvanecemos juntas. Pétalos suaves que extiendo sobre mis senos y me abrazan en mi sueño. Me envidia la luna.
Y Miguel no me defraudó. Le llamé por la tarde, demasiado tarde para cambiar cualquier plan. Busqué su número en la "M" de Mercurio y pulsé el botón de llamar.
- Hola -dije
- Hola, me alegro de oir tu voz. Feliz año nuevo. ¿Cómo lo llevas?
- Mal
- ¿La luna otra vez?
- Siempre, ya lo sabes
No hizo falta más. Me conoce demasiado bien. Ninguna excusa y una hora más tarde llamó a mi puerta. Traía tres rosas rojas. Sabe que me inspiran y me levantan el ánimo. Preparó una cena ligera con lo poco que encontró en mi nevera. Cenamos en silencio.
Al terminar me levantó en brazos y me llevó a la cama. Me desnudó despacio, tranquilo. Yo no hice nada. Aún me falta la fuerza necesaria. Me tendió. Mi mirada ausente y mi desinterés aparente harían desistir a cualquiera. Pero no a él. Lo sabe, nunca me lo echa en cara.
Se tendió a mi lado, desnudo, de costado. Acarició mis labios, mi cuello, mi pecho, mi vientre. Y yo no hice nada. Casi inerte. Abandonada a las sensaciones. Caricia dulce que hacía tiempo no sentía.
Cubrió mi cuerpo con su cuerpo. Piel contra piel. Su calor me embriagaba. Yo no hice nada. Ummm. Me penetró suavemente. Me dejé hacer. Unión que transciende lo físico. Su calor, su aliento en mi cuello. Su virilidad luchando por llegar a mi más profundo ser. Su explosión. Mi sonrisa al fin. Plena, esperando la luna llena.
Ya pasó. La luna nueva se fue. Aunque sigo débil ahora estoy más animada. Ahora todo es hacia arriba. Se invierte el ciclo. Dos semanas en las que la luna me transfiere su energía, cada vez más fuerte. Sé lo que quiere que haga con ella.
Y esta noche lo tengo que hacer. Lo necesito, quiero volver a sentir el tacto de una piel, el calor de un cuerpo. Miguel, otrora relación formal y ahora confidente y amante. Nunca me niega, aparece raudo a mi llamada. Mi Mercurio.
Sí, deseo estar con él. La suavidad de sus caricias y el cariño con el que me ama es ideal para empezar este camino hacia la luna llena.