Publicidad:
Terra
La Coctelera

Categoría: sobre Rocío

Plenitud

Luna llena, aquí estás, y yo pletórica de energía. Necesito más. Y me lo das. Fin de semana pasional, de absoluto desenfreno, Rocío y yo salimos descaradamente a ligar.

Conocimos a un par de chicos, atractivos en su justa medida, ni poco como para no gustar, ni mucho como para enganchar. Solo sexo sin complicaciones para una noche de pasión.

Entre risas y copas pasamos el rato hasta que decidimos irnos a mi casa, un pequeño apartamento de una habitación. Una copa más y para mí la cama, para Rocío el salón.

Mi amante empezó mejor de lo que me esperaba, o fue la euforia del alcohol, pero ocurrió algo que me sorprendió, aunque nada tenía que ver con él. La próximidad de mi amiga y la delgadez de mi puerta no dejaba mucha intimidad. Y la oí gemir.

Durante un momento en el que mi amante recorría mis muslos con su lengua cerré los ojos y me deleité con los gemidos de Rocío. Nunca la había oido así. Yo, voyeur de oidas, excitada de escuchar a mi amiga disfrutar.

Prestaba más atención a lo que ocurría en mi sofá que a lo que pasaba en mi cama y supe cuando la penetró. Y quise seguir el mismo ritmo con el mío. Me senté a horcajadas sobre él y me penetré. Y la oí gritar. Y quise gritar yo más y que ella también me oyese. Y seguro que me oyó, porque ella aún gritó más. La imaginaba excitándose de oirme como yo de oirla a ella.

Nos sincronizamos estupendamente, señales enviadas en forma de gemido placentero para acelerar, para frenar, para intensificar, para relajar. Ahora más profundo, ahora más rápido. Y más rápido, más intenso. Notaba que se acercaba al orgasmo. Y yo también, no quise quedarme atrás.

De pronto gritamos las dos, gemido orgásmico inconfundible y maravilloso que nos invadió a la vez y nos colmó de placer. Y sentí una plenitud difícil de explicar. Abandonando a mi compañero y plena como la luna llena.

Rocío

Mi amiga del alma, compañera en mil y una batallas. Nos conocimos hace tiempo, adolescentes escolares, inocentes e ingenuas. Juntas hemos descubierto muchas cosas, los primeros amores, los primeros besos, el sexo y la pasión y las primeras decepciones, corazones rotos juveniles.
Hemos reido y hemos llorado. Hemos disfrutado del sol y de la luna, del mar y de la playa. Hemos discutido por algún chico que al final resultó no merecerlo. Nuestra amistad ha sobrevivido a novios formales e intentos fallidos de sentar la cabeza.
Después de quince años siendo amigas, grandes amigas, confidentes. ¿Quién me iba a decir que a estas alturas sentiría algo más que amistad por ella? Confundida por la luna, me desespero.

Aprovechar cada instante

Me abandona día a día pero aún me queda energía. Es el devenir del ciclo sin fin. Últimos instantes de plenitud y comienzo de la caída. Y sé que llegará mientras me empujas a aprovechar cada momento.
El deseo no me abandona, dame fuerzas para que cumpla tu propósito. Hambrienta cual loba insaciable de mí te alimentas. Esta noche Rocío nos acompaña, mi luna.

Álex

Conocí a Álex una noche de primavera. Con los primeros calores y las primeras copas al aire libre.
Había salido con mi amiga Rocio, aquella que todo lo puede, belleza indómita que siempre me apaga, a cuya sombra siempre me refugio para cazar, cual carroñera sin escrúpulos.

Poco antes se me había roto el último amor y las relaciones formales no entraban en mis planes. Entonces llegó él, extraordinariamente atractivo, cuerpo de modelo cultivado con acero, carita de niño.

Lanzó sus garras sobre Rocio, siempre pasa, y al poco rato ella le susurró al oido:
"A mi amiga le hace falta un buen polvo".

Gesto de buena amiga que nunca agradeceré suficiente. Hicieron falta solo dos miradas. No nos dio tiempo a llegar a ningún sitio antes de tenernos, ahí mismo, en un coche, en un aparcamiento con una pasión que creí olvidada.

No sé si es buen o mal chico, si es inteligente o necio, solo sé que es un gran amante con más miedo al compromiso que yo misma... y que tiene mi número en su agenda tras el nombre "luna llena".