Despedida temporal. Nos amamos como quien piensa que no volverá a amar. Como si fuese el final, hasta no poder más.
Final de mermelada y mantequilla, traida a la cama para desayunar y que, sin saber muy bien cómo, acabó por todo mi cuerpo. Fresa fresca en mi pecho que su cálida lengua tomó.
Zumo de mi ser en lugar de naranja, es a mí a quien exprimió. Primero suavemente, solo con la punta de su lengua, abriéndome de par en par. Notaba su aliento en mi interior.
Labios contra labios. Lengua juguetona. Humedad provocando humedad. Mordisquitos malintencionados que me hacen gritar. Devorándome con auténtica pasión. Me ha desayunado a mí, tanto que pensé que me iba a masticar. Y me fui.
Y se fue. Álex se fue, pero volverá, la luna lo traerá.