Mi amiga del alma, compañera en mil y una batallas. Nos conocimos hace tiempo, adolescentes escolares, inocentes e ingenuas. Juntas hemos descubierto muchas cosas, los primeros amores, los primeros besos, el sexo y la pasión y las primeras decepciones, corazones rotos juveniles.
Hemos reido y hemos llorado. Hemos disfrutado del sol y de la luna, del mar y de la playa. Hemos discutido por algún chico que al final resultó no merecerlo. Nuestra amistad ha sobrevivido a novios formales e intentos fallidos de sentar la cabeza.
Después de quince años siendo amigas, grandes amigas, confidentes. ¿Quién me iba a decir que a estas alturas sentiría algo más que amistad por ella? Confundida por la luna, me desespero.